
Cuando una pandereta suena en una fiesta popular, detrás de ese ritmo hay siglos de historia contada casi siempre por mujeres. Las pandeireteiras, también llamadas cantareiras, son agrupaciones femeninas propias de la música tradicional gallega que utilizan la pandereta como instrumento principal para acompañar cantares y bailes. Durante generaciones fueron ellas —no los gaiteiros, como suele pensarse— quienes sostuvieron con su voz y sus manos buena parte del cancionero popular de Galicia. Y, aunque el término “pandeireteira” es gallego, la figura de la mujer que anima el baile al son de la pandereta tiene un reflejo muy vivo al otro lado del Cantábrico, en el folclore asturiano.
¿Qué son exactamente las pandeireteiras o cantareiras?
Una pandeireteira es, ante todo, una intérprete de pandereta dentro de un grupo de mujeres que canta y toca a la vez. El término “cantareira” pone el acento en la voz —en los cantares heredados de generación en generación—, mientras que “pandeireteira” subraya el instrumento. En la práctica, ambas palabras designan a las mismas protagonistas: mujeres que, muchas veces sin formación musical reglada, fueron las verdaderas depositarias de la lírica popular gallega moderna.
Su repertorio no se limitaba a la fiesta: cantaban al amor, al trabajo, a la familia, incluso a la muerte, con letras heredadas, adaptadas o improvisadas según el momento. Ese carácter oral y comunitario es justamente lo que convierte a las pandeireteiras en un patrimonio cultural, más allá de lo puramente musical.
De las rogas a la fiesta: un origen campesino y colectivo
El origen de esta tradición se remonta a la sociedad agraria anterior al siglo XIX, concretamente a las rogas: jornadas de ayuda mutua entre vecinos para tareas como la hilaza, la espadelada del lino o la esfollada del maíz. Al terminar el trabajo colectivo, era costumbre celebrar con música y baile en el llamado serán. Aunque en ocasiones se contaba con un gaitero o un acordeonista —figuras consideradas más “profesionales” y que cobraban por tocar en las fiestas señaladas—, en el día a día eran las mujeres quienes tomaban la pandereta para animar el baile, sin necesidad de una ocasión especial.
Esa espontaneidad explica por qué la pandereta acabó tan ligada a lo femenino: era el instrumento que cualquier mujer podía coger para llenar de música una tarde de trabajo o una celebración modesta, mientras la gaita quedaba reservada a lo festivo y formal.
Guardianas de la memoria en los años más difíciles
La llegada del franquismo supuso un golpe duro para buena parte de la cultura popular gallega, pero la tradición de las cantareiras no desapareció: sobrevivió en las cocinas y en las casas, transmitida de madres a hijas casi en la clandestinidad de lo doméstico. No fue hasta la Transición cuando esta música vivió un proceso de recuperación y dignificación que la sacó del ámbito privado.
Voces actuales del folk gallego, como la pandereteira y cantante Tania Caamaño, han señalado que el papel de la mujer en esta música sigue siendo hoy tan central como lo fue entonces: ellas conservaron el ritmo y el cancionero cuando nadie más lo hacía, y ahora son también muchas mujeres las que impulsan su renovación.
El reconocimiento institucional: el Día das Letras Galegas 2025
En 2025, la Real Academia Galega dedicó por primera vez el Día das Letras Galegas a las cantareiras y al cancionero popular oral, reconociendo así el papel de cientos de mujeres, en su mayoría anónimas, que mantuvieron viva esta tradición durante décadas. Ese mismo impulso de puesta en valor ya se venía notando desde 2017, cuando el grupo Tanxugueiras empezó a llevar la estética y el espíritu de las pandeireteiras hacia sonoridades más modernas y reivindicativas, situando esta figura en el mapa de la música actual.
Un eco asturiano: las pandereteras y el baile tradicional del Principado
Aunque “pandeireteira” es un término gallego, la realidad que describe tiene un paralelismo muy directo en Asturias. En la música tradicional asturiana, la pandereta ha sido históricamente un instrumento asociado a la mujer: en prácticamente todos los pueblos y aldeas había, al menos, dos mujeres que la tocaban y que se encargaban de animar el baile vecinal, muchas veces con más presencia que la propia gaita, que quedaba para las fiestas grandes donde el gaitero cobraba por su actuación.
Esa tradición sigue viva en grupos actuales. Herbamora, formado en 2003 por seis mujeres asturianas que se conocieron tocando en distintos grupos de baile tradicional, parte precisamente de los cantares de pandereta para construir un sonido propio que mezcla raíz y música actual. También hay agrupaciones folclóricas, como las que reúne la Casa de Asturias en distintos puntos de España, que mantienen viva la pandereta como seña de identidad, junto a panderos cuadrados, castañuelas y otros instrumentos de percusión popular. Hoy estos grupos suelen ser mixtos, pero su origen —igual que en Galicia— está marcado por mujeres que tomaron el instrumento como propio.
¿Por qué esta tradición sigue importando?
Las pandeireteiras y cantareiras gallegas, y las pandereteras asturianas, comparten algo más que un instrumento: son la prueba de que buena parte del patrimonio cultural de ambas regiones se sostuvo gracias al trabajo silencioso de mujeres que nunca buscaron protagonismo. Hoy, cada vez más agrupaciones de baile, corales y grupos de investigación folclórica en Asturias trabajan por recuperar y cuidar ese legado, desde el repertorio hasta la indumentaria y los propios instrumentos.
Ese cuidado por los detalles —el mismo que exige mantener viva una tradición oral— es el que también guía el trabajo artesanal: cuidar cada pieza, cada diseño y cada gesto pensado para durar. Si formas parte de un grupo de pandereta, una coral o una agrupación folclórica y buscáis complementos artesanales y personalizados para vuestro grupo —desde fundas para instrumentos hasta detalles para regalar entre compañeras—, en Arte Molie trabajamos ese tipo de encargos hechos a mano y a medida.


